A solas con la Cibelina. N.º 674 (año XXXII)
Por ANGEL DEL RIO. Cronista Oficial de Getafe
A PEDRO CASTRO, DAVID LUCAS LE SALE “CUNERO”
El Pedro Castro de los últimos años está lejos de ser una persona templada, sosegada, reflexiva. Por mucho que cultive el misticismo a través de la poesía, no ha conseguido serenarse. Dice cosas que luego niega haber dicho; hace cosas que luego no reconoce; lanza proclamas alejadas de cualquier sentido racional y se precipita en sus juicios.
Esto último le acaba de pasar al conocer que el candidato del Partido Popular a la alcaldía de Getafe, en contra de lo esperado, no era Carlos González Pereira, sino Juan Soler, diputado regional en la Asamblea de Madrid. Castro le colocó rápidamente el cartel de cunero, que es como se conoce al político que llega de fuera, que no vive en el municipio y le hacen candidato del lugar.
El ligero Pedro Castro podría haber esperado unos días y así no habría tenido ocasión de meter la pata, porque pocas fechas después, su partido, el PSM, designaba a David Lucas candidato socialista a la alcaldía de Móstoles. Utilizando el calificativo de Castro, David Lucas es también un cunero, porque vive en Getafe; es más, salió del Ayuntamiento de Getafe porque Castro se había “autoproclamado” alcalde vitalicio; llegó al Ayuntamiento de Madrid, de donde es portavoz del PSOE, y desde Madrid es enviado ahora a Móstoles para intentar conquistar la alcaldía, sin por ello, y de momento, abandonar su residencia en Getafe. He aquí un ejemplo de lo que Castro entiende como cunero en ojo ajeno, pero que no ve en el propio, en el propio partido.
EN BUSCA DEL VOTO EN LOS CALADEROS DE LA SUBVENCIÓN
Pedro Castro se encuentra por primera vez poco acompañado, o quizá demasiado solo, ante unas elecciones municipales. Le falta el apoyo del secretario general de su partido en Madrid, Tomás Gómez; le falta el apoyo de parte del comité de Getafe, ante un partido muy dividido en nuestra localidad; le falta el apoyo de antiguos compañeros que con él compartieron las glorias y otras cosas del poder; le falta el apoyo de las fuerzas físicas, que es una carencia que empieza a notarse con la edad y el cansancio del poder; le faltan muchas cosas como para no encontrarse demasiado solo.
Pese a ello quiere volver a ganar las elecciones en esta novena presentación y con ello asegurarse 33 años de mandato, que por sí mismos bien valen una cotización para una buena jubilación, aunque él sigue conservando la vocación íntima de ser alcalde perpetuo de Getafe.
Pedro Castro necesita ahora más que nunca cualquier voto posible y planta cañas y cebos en todos los caladeros con el ánimo de pescar el mayor número de votos. Y así, con este propósito, Castro, ha hecho una candidatura electoral donde están representados aquellos sectores, por otra parte subvencionados, apoyados o elegidos, que le pueden aportar votos directos e indirectos. En el número 15, Enrique Macías, Presidente del Club Getafe BETA; con el 16, Juan Carlos Rodríguez, presidente de la Agrupación Deportiva Alhóndiga; con el 18, Iván Rubio, presidente de la Asociación ANKARA; con el 19, Leoncia Martínez, presidenta de la Casa Regional de Castilla-La Mancha; con el 20, Cecilio Urbán, presidente de la Coordinadora de Mayores; con el 22, Miguel San José, presidente de la Asociación AGAS; con el 23, Priscila Portugués, presidenta de la Asociación Esclerosis Múltiple; con el 24, María Gloria Muñoz, presidenta de la Asociación Gloria María; con el 25, Antonio Ruiz, presidente de la Peña La Amistad; con el 27 María Cruz Guerra, directora del IES Antonio López, y como suplentes: Santos Jiménez, presidente de la Asociación Deportiva Brunete, y Marisol Herreño, de la Red Ibérica de Getafe. Un candidato, un voto, por lo menos, porque luego está el del familiar, el amigo, el compañero, el colega y el del tendero del barrio, a quien ha prometido comprar más si sale concejal y le ponen sueldo de ejecutivo. Así se escribe la historia de las ambiciones sin fronteras.
SINDICALISMO ALEMÁN Y ESPAÑOL
A los sindicatos españoles no les gusta el modelo alemán. Y no les gusta por muchas razones.
Primero. No les apetece demasiado volver a la década de los cincuenta y sesenta y que se produzca un éxodo de trabajadores españoles a Alemania; que haya una fuga de obreros, profesionales y doctorados, porque eso debilitaría el mercado español y en consecuencia las posibilidades de afiliación a los sindicatos: con menos trabajadores, menos posibilidades de que engorden las afiliaciones, y en este momento no están muy sobrados que se diga.
Segundo. A los sindicatos españoles no les gusta la recomendación alemana de que los incrementos salariales se fijen en función de la productividad y no del IPC. Ellos prefieren un incremento fijo y lineal a subidas que tengan que ver con lo que rinden o producen las empresas, pero sobre todo, los trabajadores, porque en este país no estamos acostumbrados a que se nos tase el rendimiento y en función del mismo se nos pague más o menos. Pero sobre todo, a los sindicatos no les gusta la fórmula alemana, porque si no se aplica a la subida salarial el incremento del IPC y se hace por productividad, a ver cómo miden la productividad de tantos y tantos sindicalistas liberados como hay.
Tercero. A los sindicatos españoles no les gusta el modelo de sindicalismo alemán, porque sólo se nutre económicamente de las cuotas de sus afiliados y no de los presupuestos generales del Estado. Aquí no se comprende un modelo de sindicalismo que no esté subvencionado con fondos públicos, y el modelo alemán, al nutrirse únicamente de las cuotas de los afiliados, puede ser un peligroso y nocivo ejemplo para España, porque mientras los sindicalistas liberados, no sujetos a productividad, sigan viendo incrementados sus salarios en función del IPC, y mientras los sindicatos mantengan sus exageradas estructuras con las aportaciones de los presupuestos del Estado, pues miel sobre hojuelas, y además les viene de perlas que de vez en cuando les inyecten más dinero para cursos de formación, con los que pueden llegar a dar cursos de vela en Valencia.
En fin, que por muchas razones, a los sindicatos españoles no les gusta el modelo alemán; tampoco le gustaba al señor Zapatero la señora Merkel, de la que dijo que era una fracasada, y ahora es el ejemplo a seguir.



















