EL ARCABUZ/SEBASTIÁN CARRO
Los coches “léctricos” y los sembrados de placas solares (I)
Leemos, pero no con sorpresa, que “el Gobierno estudia que hasta un 15% de su flota sea de coches eléctricos” (en boca del presidente Zapatero suena “léctrico”, quizá por su velocidad en la pronunciación). ¡Coñojodermecagoenlaleche!, y yo que me había tomado la noticia en serio. Cómo es posible que ahora hablen de la implantación de los coches “léctricos”, cuando yo ya montaba en ellos en las verbenas de mi barrio y hasta en el pueblo de mi madre, Madridejos, cuando iba en las vacaciones de la escuela que siempre coincidían con las fiestas patronales. Será cosa de la economía sostenible, aunque según nos cuentan lo que no es sostenible, de momento, son las prestaciones de estos nuevos coches “léctricos” que propone Zapatero. Según dicen los entendidos, el coche debe ser pequeño para que gaste menos energía eléctrica y la carga dure más. Andará hasta 100 kilómetros con una carga de batería y que para recargarla tendrá que estar enchufada toda una noche. Recorrerá como mucho 100 kilómetros a 80 por hora en autopista, ya que si fuera a más velocidad contaminaría tanto como los coches de gasolina o diesel, sin tener en cuenta que la electricidad se genera, mayormente, a través de la quema de carbón o gas-oil, a través de centrales nucleares o hidráulicas (de las que sólo existen las pocas que construyó o mantuvo el régimen franquista), y de los sembrados de placas solares existentes, principalmente, en Castilla-La Mancha, claro que en este caso cuando los sembrados lumínicos tengan enchufes y generadores de electricidad, porque muchos de ellos hasta ahora sólo cuentan con los enchufes de las subvenciones a-bono-dos, y la luz que las alumbra por la noche. Poca luz para tan nimia cabeza, como diría el refrán. Que ¿qué refrán?, cualquiera, ese mismo. Claro que con esto no acaba la estrategia de la sostenibilidad del coche “léctrico”. El Gobierno ofrece 240 millones de euros en ayudas y ventajas para quien use el coche “léctrico”, subvencionando su compra en un millón de pesetas (6.000 euros), eso sí, los más corrientes costarán 30.000 ó más euros suponiendo que los encuentren; pero luego viene dónde los carga: en casa, necesitaría garaje para tenerlo enchufado; o en los parkins de los Ayuntamientos de Madrid y Sevilla, donde gobiernan de momento “Gallardón/Monteserín”. ¿Y los ciudadanos que no tengan coche “léctrico” dónde van a aparcar y encima pagando, cosa que según los citados alcaldes no lo harán los “autoléctricos”?. Los más inteligentes del lugar, y no me refiero al ministro de Industria, que éste sobrepasa a todos, dicen que serán coches para circular por las ciudades. Y yo me pregunto: ¿volveremos a la época de los tranvías o trolebuses, con raíles por el cielo, como en Parla? Ese sí que era un adelantado, me refiero a Tomás Gómez, ex alcalde parleño y profeta de los tranvías en su pueblo, y alumno del ministro Sebastián en la Universidad, ¿sólo? Pero aún queda una posibilidad y es que todos los coches “léctricos” vayan conectados a un cable y así tendrían energía directa dependiendo de la longitud del mismo, o también lo podrían intercambiarlos en un punto determinado del camino como las postas de caballos en el Oeste americano. Por ejemplo, usted va a Valladolid, su cable es de más o menos de 100 kilómetros, pues al llegar a las provincias de Ávila o Segovia, coge el cable que traiga un conductor de Valladolid que vaya a Madrid y viceversa. Con este método se podría ir desde cualquier lugar de España a otro cambiando de posta (digo de cable), a excepción, claro está, de a Cataluña, porque allí podrían encontrarse con un cable de distinta clavija a la del resto de España o con instrucciones en un idioma ininteligible que le podría producir un cortocircuito y quemar su nuevo coche “léctrico”, por lo que tendría que volver a su casa y, si ha sido precavido, como espero, coger el coche de gasolina que había desechado, reiniciar el viaje, y, ¡sorpresa!, encontrarse con que no hay gasolina en el surtidor porque toda ella se está utilizando para generar energía con que llenar las baterías de los coches “léctricos” como el que usted tuvo que abandonar en la frontera con Cataluña al ser cortocircuitado por incompatible. Y en ese momento, usted se despierta, y rápidamente se dirige a comprar un nuevo coche, llega al concesionario y… ¡Oh, sorpresa!: pide un coche de gasolina compatible con gas-oil y adiós sostenibilidad. Y colorín, colorado, como les anuncié he regresado. Feliz primavera y sigan leyéndonos. (CARRO.)



















